Alzuza (Navarra). Prorrogada hasta el 21 de marzo
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La exposición "La sombra de Oteiza en el arte español de los años cincuenta", producida con la colaboración de Ibercaja, comisariada por Alfonso de la Torre, propone un recorrido transversal en el periodo de sinergias sucedido en torno a Oteiza desde 1948 hasta más allá de la década de los cincuenta, en relación y confrontación estética, y encuentro formal y afectivo, con los artistas clave de la renovación artística de mitad del siglo pasado. Abierta hasta mediado de febrero en el Museo Oteiza de Alzuza, se mostrará posteriormente, entre marzo y junio del año que viene en la Sala Patio de la Infanta, de Ibercaja, en Zaragoza.
Esta exposición recorre, a través de tres capítulos (Preámbulo, Confluencias y Contexto) un periodo altamente dinámico que parte de la admiración que siente Oteiza por Ángel Ferrant, del que se exhiben cuatro obras; en Confluencias se muestran los encuentros con otros creadores, que se escenifica con piezas de Néstor Basterretxea, Eduardo Chillida, Equipo 57, el artista de Parpalló Manolo Gil y Manolo Millares, del Grupo El Paso. En el capítulo Contexto, se evoca el mundo artístico más próximo a Oteiza, proximidad no siempre estilística sino también de tipo personal, afecto o animadversión: Cristófol, Mendiburu, Manuel Rivera, o Pablo serrano. Se relata en este capítulo la importancia de opciones próximas al arte normativo, aunque no se relacionasen con el artista vasco, como Aguayo, Calvo, Farreras, Laguardia, Lagunas, Pablo palazuelo, Gerardo Ruega o Sempere. También se hace mención a la obra de ciertos creadores que, de un modo previo a su paso por el informalismo, tuvieron un periodo calificado como "la tentación constructiva", ejemplificado en los casos de Rafael Canogar, Luis Feito o César Manrique.
El complejo proceso de indagación abstracta, propuesto desde temprano por Jorge Oteiza en los años cincuenta, se convertirá en un ejemplo, anómalo y fértil, en el panorama de este tiempo, tan dado a la alharaca del manifiesto inmediatamente frustrado. El escultor vasco, que desarrolla el grueso de su obra en la década que se alzó en 1957 con el Gran Premio de Escultura de la Bienal de Sao Paulo, rechaza, enérgica y taxativamente, la queja existencial extendida en el pensamiento de esta época, se opone a la querencia por esa "especie de destrucción que se advierte en el lenguaje artístico actual y urge a los creadores a la responsabilidad artística y a "las preocupaciones internas del arte". El artista, defiende así que el arte es, antes que nada, una revelación acuciante. Revelación con mayúscula: el arte es necesario existencialmente para el hombre".
La exposición, en el Museo Oteiza, de Alzuza, Navarra, se ha prorrogado hasta el
21 de marzo de 2010.