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12-03-2010 Español
20-01-2010

La Democracia: de Grecia al III Milenio

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José Pérez-Guerra
[Img #1763]Hoy se ha iniciado en el Salón de Actos de la empresa Técnicas Reunidas, de Madrid, el curso "Cinco lecciones sobre la Democracia: de Grecia a nuestros días", organizado por el Colegio Libre de Eméritos, bajo la dirección del catedrático Francisco Rodríguez Adrados, que en la apertura se ha centrado en el tema "La fundación de la Democracia en Grecia: de Solón a Pericles", capítulo inicial de una historia que arrancó hace 2.700 años, cuando el pueblo griego se reveló contra los tiranos, para establecer un gobierno donde las personas libres ejercieran sus derechos y fuesen responsables de sus actos, para lo cual se establecía una adminsitración pública capaz de atender los servicios comunes. Y ese régimen de libertad, de responsabilidad compartida, propició un estado de progreso que se quiebra a causa de la guerra del Peloponeso y un enfrentamiento civil posterior. En el siglo V antes de Cristo, Demóstenes reconstruyó el espíritu democrático, pero la decadencia de Grecia ya estaba marcada, como se pondrá de manifiesto en la próxima lección, prevista para el día 24: "Lucha y decadencia de la Democracia en Grecia".

Al filo del curso, pensamos en la deriva democrática de Europa. Roma incorpora la filosofía, la arquitectura, la tecnología y la experiencia democrática griega; pero en Roma impera el Poder soberano, incluso cuando se establece la República. Porque, ya desde las primitivas asociaciones, hubo jerarquías que exigieron el acatamiento a un poder supremo no sólo sobre el territorio controlado, sino de cuanto sobre él existía, para lo cual se procuró contar con el lado místico del ser humano: las creencias, credos concienciados desde la virtud de la obediencia. Y Roma pasa de la libertad a los distintos credos y tradiciones en sus dominios, a la necesidad imperial, con Constantino, de establecer una religión única capaz de aportar un elemento de cohesión social capaz de generar nuevos estímulos. Y Constantino lucha para que las Iglesias dejen sus disputas asumiendo un credo único, por lo que convocó el Concilio de Nicea, presidido por el obispo Osio, de Córdoba.

Las iglesias cristianas eran, desde su origen, asambleas democráticas que elegían a sus obispos y dirigentes. Y así funcionaron durante siete siglos, hasta que los carolingios (de Señores de Palacio a Reyes y, posteriormente, emperadores del Sacro Imperio Romano y Germánico) impusieron en sus territorios constituidos en la primera Europa política, un cristianismo jerárquico, monárquico, cuasi imperial, con el obispo de Roma como Pontífice Máximo. Fue cuando las iglesias dejaron de ser asambleas de fieles y se constituyeron en parroquias sujetas al Magisterio romano, intérprete único de las Sagradas Escrituras...Primera gran Reforma del Cristianismo que termina con la democracia en las iglesias (asambleas), e impone un régimen teocrático.

Y pasó el Medievo, que consolidó el sistema. En los albores de la Edad Moderna, cuando la imprenta se convierte en un eficiente vehículo de información, y los descubrimientos geográficos abren horizontes insospechados hasta entonces, un fraile alemán, Lutero, siente que el boato de la corte papal no concuerda con la sencillez y la verdad evangélica; y pregona a los cuatro vientos el libre albedrío que era tanto como rechazar de cuajo el monopolio de la verdad ostentado por el Magisterio. Y se produce la Reforma Protestante que viene a ser la auténtica Contrarreforma de la concordada entre Carlomagno y el Obispo de Roma; Emperador aquel y Papa éste, escenificada en la Navidad del año 800, cuando el obispo romano coloca sobre la cabeza del rey franco una rica diadema, mientras los fieles -los obedientes- ensalzaban al emperador de un neo Imperio Romano de Occidente, al que se le sumaba la Germanía y por extensión a Europa. Un imperio, pronto sólo representativo, bendecido por la Iglesia Romana, superviviente hasta el siglo XVIII. De este Imperio fue titular el César Carlos V, rey de España con el nombre de Carlos I, precisamente en tiempos en que se produce la Reforma (o Contrarreforma) de Marín Lutero, a la que se opuso con todos sus recursos.

La lección cuarta del curso dirigido por el catedrático Francisco Rodríguez Adrados, tratará el día 17 de febrero el camino "De la Revolución Francesa a la I Guerra Mundial". Un tiempo en que la burguesía, como sucediera en la Grecia de Solón, trató de imponerse a las tiranías de los oligarcas. Pero en la Revolución Francesa se mantiene la constante histórica; los que dirigen se creen amos. Y de la libertad, igualdad y fraternidad se pasó a la obediencia debida. Porque los nuevos jerarcas revolucionarios se impusieron a una mayoría silenciada, puesta a disposición. Vinieron los tiempos contemporáneos, un siglo XIX donde emergen las constituciones, que pasan a simples enunciados; y las viejas estirpes se mantienen junto con los nuevos acomodados. La última lección se titula "De la I Guerra Mundial a nuestros días"; será el 24 de febrero. Estamos en el tercer milenio, cuando las nuevas tecnologías penetran en santuarios cerrados y la Humanidad pide a gritos un orden nuevo donde primen los derechos de las personas sobre los de los territorios, con sus historias superadas. Y uno mira al mapa universal y siente que la mayoría de los habitantes del mundo sigue dominada por la obediencia a los dogmas (religiosos o políticos) que mantienen las aristocracias (mandatarios religiosos y laicos), impidiendo que los humanos ejerzan sus responsabilidades a tenor de cada conciencia.
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